miércoles, 6 de mayo de 2015

Porque sí


Presten atención al momento en que un cachorro humano llega a la edad de los "porqués".
En su ansia voraz de conocer el mundo, parece que quieran llegar de raíz a la trampa. Buscan incesantemente el cartón sobre lo que se apoya todo, la matriz. -¿Por qué moja el agua? Y si les damos una respuesta, clara y contundente para nuestra cabeza fosilizada, la situación parece agravarse.
-El agua moja porque está en estado líquido.
-¿y por qué está en estado líquido?
-Porque está por encima de los 0º y por debajo de los 100º.
-y.. ¿por qué está por encima de los 0º y por debajo de los 100º?
-...
Y parece que cuando perdemos la paciencia, aparece el diablo para acabar la conversación de manera tajante.
- Porque sí.
Cualquier pedagogo recriminaría esta actitud sin reparar en el aprendizaje que esta expresión lleva implícito.
-El universo existe porque sí. Tú existes porque sí. El agua moja porque sí. Luego podemos revestir de razonamientos, conjeturas y juicios a posteriori nuestra tajante afirmación.
Pero generalmente, las cosas suceden por que sí.